el olvido como una mentira, el espejo dondeEL MAR, el tiempo que casi nos teje las manos parecen destinos muy crueles, el mar. El cuerpo que tanto abrazábamos los domingos de rocío y de nata, los pájaros volviendo a su universo húmedo, el cielo de las doce, el cielo inextinguible de tus muslos sin trazos de aurora. El cálido lenguaje de algunos muchachos con la edad entre sus lágrimas, la jerga tibia de las niñas: ven y nos morimos, atrozmente, tras los juncos.
El mar, el ramaje remoto de todas las caricias.
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